BIOGRAFÍA

    El Perito Francisco P. Moreno fue uno de los primeros naturalistas que hubo en nuestro país, además de ser una excepcional figura de la historia nacional.

    Nació en mayo de 1852. Pasó sus primeros años en contacto con la naturaleza y se sintió fuertemente atraído por sus misterios. Aun niño, empezó a coleccionar en las vastas estancias de sus padres restos petrificados de la vida autóctona de América. El interés con que desarrollaba esta actividad hizo que su padre le construyera una habitación para que guardara en ella todos sus materiales, pero la mayor pasión de Moreno pasaba por los viajes, a los que dedicó casi toda su vida.

    En 1872 fundó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina. En 1873 y 1874 hizo sus primeros viajes a la Patagonia efectuando itinerarios -poniendo en riesgo su vida en más de una ocasión- por regiones hasta entonces inexploradas, en las que recogió una serie de materiales que iniciarían los estudios americanistas. En 1875 el gobierno de la provincia de Buenos Aires y la Sociedad Científica Argentina le proporcionaron los medios para efectuar un nuevo viaje al sur argentino. En este recorrido Moreno atravesó la Patagonia de océano a océano y cumplió uno de sus mayores anhelos: ponerse en contacto directo con las naciones indígenas de la Patagonia y estudiar su enigmático pasado y sus orígenes. Los datos y materiales recogidos en aquella expedición abrieron horizontes nuevos a la antropología sudamericana e impulsaron a varios científicos europeos (como el francés Broca) a tomar a las razas indígenas de América del Sur como objeto de estudio. A la vez Moreno quedó fuertemente impresionado por el drama de aquellas razas en agonía. Trató entonces de humanizar las relaciones entre los argentinos y sus razas indígenas exigiendo tierras y escuelas para ellas y protestando contra los métodos que habían sido empleados para "civilizarlos".

    En 1876 hace uno de sus viajes más famosos al extremo sur de América y lo narra en su Viaje a la Patagonia Austral, obra con gran cantidad de observaciones originales. Este recorrido estuvo lleno de aventuras y descubrimientos. Remontó el río Santa Cruz y descubrió el lago que llamó Argentino, exploró y trazó el primer mapa de la región de los lagos San Martín y Viedma, descubrió valiosos yacimientos arqueológicos e importantes fósiles. Con este viaje empieza a revelarse el misterio que hasta entonces cubría a la Patagonia, siendo reemplazadas las leyendas y fábulas por el conocimiento directo del lugar.

    En 1879 Moreno donó toda su colección arqueológica, antropológica y paleontológica personal, consistente en más de 15 mil ejemplares de piezas óseas y objetos industriales -que hasta ese momento constituían la base del museo de la Sociedad Científica la Provincia de Buenos Aires- a la provincia de Buenos Aires, que fundó con ellas el Museo Antropológico y Etnográfico de Buenos Aires. Con la fundación de La Plata, el gobierno decidió trasladar el museo a la nueva Capital y entonces se le dio el nombre de Museo de Historia Natural de La Plata. Por proveer todo el material para el museo -incluso dos mil libros de su biblioteca particular- y por el reconocimiento general a su persona, fue nombrado Director vitalicio del Museo. Moreno mismo dirigió la construcción del edificio y la distribución de sus materiales, de acuerdo con un plan que él había concebido. Sumó a este proyecto a numerosos naturalistas extranjeros que organizaron las secciones de geología y mineralogía, zoología, botánica, antropología, arqueología, etnografía y cartografía. La institución se convirtió rápidamente en un centro de estudios superiores que llamó la atención de los grandes especialistas europeos. Se multiplicaron las colecciones valiosas, los trabajos publicados descifraban viejos problemas americanos y, fundados por Moreno, comenzaron a publicarse los Anales y la Revista del Museo de La Plata. El Museo de La Plata llegó a ser la institución científica más importante del país.

    Cuando surgió la idea de agregar este museo a la Universidad, transformándolo en Facultad de Ciencias Naturales, Moreno renunció a su cargo vitalicio de Director del Museo. No estaba de acuerdo con la anexión propuesta: pensaba que el establecimiento por él creado debía dedicarse a la investigación del territorio y de su naturaleza y no quedar expuesto a los vaivenes de la política universitaria. La incorporación del Museo a la Universidad significó modificaciones esenciales en su finalidad y en su estructura: las instalaciones se redujeron, parte de su biblioteca se distribuyó entre otros institutos universitarios y su imprenta pasó a pertenecer a la provincia.

    En 1879 Moreno volvió a la Patagonia septentrional. A cargo de un pequeño e inapropiado barco, su viaje tenia la misión oficial de buscar, como se decía entonces, "tierras aptas para la colonización". Pero una vez en Viedma, convencido de que lo más urgente era explorar la zona del Nahuel Huapi, partió a caballo hacia el oeste y recorrió más de mil kilómetros recogiendo datos valiosos para su futura obra geológica. En el periplo, fue hecho prisionero por los indios pero logró huir.

    Pasado aquel trance decidió partir hacia Europa, donde estudió con los más célebres maestros. De vuelta en Buenos Aires, algunos años después, encontró cautivos del gobierno a los mismos caciques que lo habían tenido cautivo a él e hizo todo lo posible por salvarlos, defendiéndolos ante la opinión pública y ocupándose de sus necesidades.

    Además de sus numerosos viajes de estudio al sur argentino, Moreno recorrió la cordillera de los Andes, desde Mendoza hasta la puna de Atacama, interesado en la interpretación de la frontera occidental argentina. En 1896, ya reconocido internacionalmente por sus exploraciones y estudios, era una autoridad indiscutible en su materia, el mayor expedicionario del país, un gran aventurero y un profundo conocedor de la geografía nacional. Surgió entonces la cuestión de limites con Chile. El tratado 1881 establecía como frontera las cumbres que fueran divisorias de aguas, pero la demarcación efectiva de la frontera estaba sometida al laudo arbitral del gobierno inglés. Como perito oficial argentino en el litigio, en pocos meses Moreno preparó su obra Frontera argentino-chilena, que es una síntesis notable de la geografía de las fronteras de nuestro país, y en 1896 viajó a Londres para facilitar el laudo arbitral de la Reina de Inglaterra y presentar una síntesis excepcional sobre el conflicto que permitiría recuperar para el país una gran superficie. Gracias a esta labor, en 1902, recibió la Medalla del Rey Jorge IV y, al año siguiente, 25 leguas de tierras en la Patagonia en carácter de homenaje nacional. De esas tierras donó una parte al gobierno para la construcción del Parque Nacional Nahuel Huapi. La Universidad de Córdoba, además lo nombró "Doctor honoras causa". A su vez, también del extranjero recibió múltiples reconocimientos, las más célebres instituciones científicas y las más famosas universidades le otorgaron diplomas y medallas.

    Su último viaje al sur los realizó en compañía del ex-presidente norteamericano Theodore Roosevelt, en 1912.

    Entre sus principales obras pueden citarse: Viaje a la Patagonia Septentrional y las Notas preliminares sobre una excursión a los territorios de Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. También produjo importantes conferencias como El estudio del hombre americano y Patagonia, resto de un continente desaparecido. Infinidad de trabajos y de informes sobre la Patagonia y la obra del Museo de La Plata complementan su labor de difusión.

    Retirado ya de su actividad de explorador, Francisco P. Moreno fue en 1913 presidente del Consejo Nacional de Educación y diputado nacional entre 1910 y 1913; desde este cargo impulsó la legislación para promover los estudios científicos.

    Murió en 1919, sumido en la mayor pobreza. Por desavenencias circunstanciales que había mantenido con el gobierno nacional, éste no envió representación oficial a sus exequias. Recién en 1944 sus restos fueron trasladados a la isla Centinela, en el Lago Nahuel Huapi, en una suerte de desagravio nacional a su memoria. Actualmente el glaciar del Lago Argentino, que él descubrió, lleva su nombre.

Auntética firma del perito


      Originalisima fue la personalidad de Pancho Moreno, como difícil es su silueta moral., Autodidacta al igual que Mitre y Sarmiento, este último tuvo necesidad de doctorarle por telegrama a efecto de salvar un escrúpulo reglamentario. Moreno arrancó con sus propias manos, de la naturaleza, lo que, sin duda, Salamanca no hubiera podido prestarle, y fue sabio, filósofo, filántropo y poeta, a la manera de Pancho Moreno y nada más que Pancho Moreno. Pero él fue, sobre todas las cosas, el hombre de acción. En él las ideas se traducían en actos. Quien se atreviera a juzgarle con prescindencia de esos actos se equivocaría por entero. No había nada en él que no concurriera a la acción; pensamiento unilateral, franco y leal por donde se le buscara, de una ingenuidad desconcertante, el corazón bien puesto y las manos limpias, él mismo ignoraba la potencia de su energía y fue el niño terrible que hay en todo grande hombre.

     A Moreno sólo se le conocía bien en la acción; uno veía la descarga y no el impulso que la determinaba. Tenia la necesidad física de obrar que él mismo describe risueñamente. <<Cuando niño -dice-, vi muchas veces en el bajo de Buenas Aires un músico ambulante que tocaba varios instrumentos al mismo tiempo: bombo, platillos, gaita y algún otro. Hoy me imagino ser algo como ese músico. La realización de mi ideal me obliga a imitarle; pero sé que si no toco bien todos los instrumentos de mi murga, pongo el mayor empeño en conseguirlo>>. Así era Moreno, en efecto, pero los empeños de ese extraordinario hombre-orquesta fueron coronados por el éxito más brillante.

    Tres grandes hechos comprendían la acción del ilustre patricio y son, ya, capítulos de historia argentina: la exploración -puede decirse, el descubrimiento, y con ello lo hemos dicho todo-, de la Patagonia; el Museo de La Plata y la defensa de los intereses argentinos en el pleito de limites con Chile.

    El museo fue obra de Moreno, incluso sus colecciones. No quiso que fuera sólo un archivo y una exposición escueta de cementerio y de cosas inorgánicas, sino un centro de irradiación de estudios de todas clases, una Smithsonian Institución perfeccionada y lo obtuvo.

    Y quién en el país puede ignorar sin malicia que Moreno y no otro alguno afirmó la soberanía nacional sobre miles de leguas de tierra en la Patagonia, como lo reconocieron hasta los propios chilenos y el árbitro inglés?

    Una obra de tal magnitud reclamaba inauditos, sobrehumanos esfuerzos, y Moreno los prodigó sin una sola vacilación. Es que un acendrado sentimiento patriótico animaba los impulsos de esa formidable máquina de acción; sentimiento que no encuentra símil sino en los preclaros héroes argentinos. El culto de la patria era la obsesión de Pancho Moreno. Fue la teoría de su voluntad poderosa; por eso, el personalismo de Moreno -aunque parezca paradojal- fue el más impersonal de los personalismos. La patria: he ahí la justificación de su vida. Cuando los intereses heridos se coaligaban en su contra y debieron provocar reacciones equivalentes, se complacía en repetir su frase favorita: <<Eso lo convencerá a usted de la necesidad de educar al pueblo>>; y cuando se le aconsejaba que divulgase en defensa de su persona, contestaba invariablemente: <<No, la obra podría reclutar herida si llevara mi nombre por bandera. Es la obra, no yo, quien interesa>>. El patriotismo suyo, por ser tanto, era americanista y humanista al mismo tiempo que argentino.

    Ya, a1 final de la vida, constituía su mayor preocupación su aislamiento y <<no Poder servir>>. <<No puedo dormir -escribe en octubre de 1918-, pensando en lo que hay que hacer para la mayor grandeza y defensa del país, y mi falta de fuerzas, de recursos y de vida para hacerlo comprender en esta Capital tan extranjera para los nativos! ¡Cuánto ven mis recuerdos! ¡Qué duro es saber que la vida se acorta tan ligero! Pero, no es más duro vivir sin servir?>>.

    Y la amargura fue también con él en los tristes días en que Moreno <<no podía servir>>. Inactivo, pobre, sombras melancólicas proyectaba su imaginación; crease incomprendido y que la patria no reconocería sus servicios. <<¡Cuánto quisiera hacer -dice uno de los tantos papelitos encontrados en su mesa de trabajo- cuánto hay que hacer por la patria! Pero, cómo, cómo? ¡Tengo sesenta y seis años, y ni un centavo! Cuánto valen los centavos en estos casos . . . ? ¡Yo que he dado mil ochocientas leguas a mi patria y el Parque Nacional, donde los hombres de mañana, reposando, adquieran nuevas fuerzas para servirla, no dejo a mis hijos un metro de tierra donde sepultar mas cenizas! Yo que he obtenido mil ochocientas leguas que se nos disputaban y que nadie en aquel tiempo pudo defender sino yo, y colocarlas bajo la soberanía argentina, no tengo donde se puedan guardar mis cenizas: una cajita de veinte centímetros por lado. Cenizas, que si ocupan tan poco espacio, esparcidas, acaso, cubrirían todo lo que obtuve para mi patria, en una capa tennisima si, pero visible para los ojos agradecidos . . . >>. Francisco Pascasio Moreno (1852 - 1919)

    "Pancho Moreno puede descansar tranquilo en la inmortalidad. Un velo, una aureola luminosa nimba su obra, y la obra es el hombre. La Argentina no olvidará nunca a su héroe civil, que tanto hizo por su acrecentamiento material y moral, y la ciencia registrará por todo lo que vale, lo que hizo Moreno para el mejor conocimiento de la naturaleza, para la mejor adaptación del hombre a la naturaleza, que es condición de la vida, de progreso y de moralidad."

Fuente: http://contenidos.com/historia/pmoreno/INDEX.HTML

Autor:  Williams Sebastián